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viernes, 27 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
[Sobresaliente]
Debido a una serie de contingencias que tuvieron lugar desde mi nacimiento y que tienen bastante que ver con una estricta educación en la obediencia más sumisa y un respeto desaforado hacia la autoridad, necesito una cosa por encima del resto para mi felicidad: recibir la aprobación del cosmos. Sea quien sea - padres, profesores, hombres, tenderos, máquinas de tabaco, televisión. Necesito con una urgencia apremiante que me miren, me sonrían, me digan que todo está bien hecho, me pongan una estrellita en el pecho, un gigantesco P A S S E D con letras rojas en la frente. Soy adicta a la aprobación de los demás, necesito que me evalúen constantemente, ¡ponedme nota!, porque de otra manera, no sé cómo soy. Nunca aprendí a autorregularme, autovalorarme ni autoconducirme. Soy, en lo que al ámbito de la autoeficacia concierne, un auténtico fracaso. Un fracaso dependiente.
Qué triste, ¿eh? Nadie me dijo que aprendiese a mirar con mis propios ojos.
Qué triste, ¿eh? Nadie me dijo que aprendiese a mirar con mis propios ojos.
domingo, 21 de febrero de 2010
[La resignación es un suicidio cotidiano, Balzac]
Anoche me deshice en lágrimas como una niña. Me gusta desintegrarme de vez en cuando, moquear y patalear, estallar contra la realidad para que cada una de mis partículas entre en contacto con lo que odia, y derramarme de nuevo sobre la cama, un poco más desencantada. Ojalá tuviera el espíritu religioso de la resignación. Todo sería mucho menos problemático.
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